La Estela del Tuvalu en el Corazón de Guna Yala. San Blas

Bajo el pabellón de la Vuelta al Mundo Almirante Cervera, el Tuvalu, conmigo a timón y Esther en la navegación, divisó las primeras sombras de los cocoteros sobre el horizonte turquesa. Habíamos llegado al Archipiélago de San Blas, oficialmente Comarca Guna Yala, un collar de 365 islas que parece detenido en el tiempo.

El horizonte dejó de ser una línea recta para convertirse en un festoneado de penachos verdes. Eran palmeras. Cientos de ellas, emergiendo de motas de arena blanca que apenas levantaban un palmo sobre el nivel del Caribe. Ajusté el rumbo, mientras Esther, debía ir presta hacia la proa, es la forma de navegar por Guna Yala.

«Guna Yala» no es solo un nombre exótico; en lengua dulegaya, Guna identifica al pueblo y Yala significa tierra o montaña. Es, literalmente, «La Tierra de los Guna». Para ellos, este archipiélago de 365 islas (una para cada día del año, según el mito romántico) no es un destino turístico, sino una nación soberana, un refugio que defendieron con sangre.

Mientras el Tuvalu navegaba hacia el puerto de entrada, observamos los pequeños ulus (cayucos) que cruzaban el canal. Los Guna son un pueblo de una dignidad férrea. Su historia está marcada por la Revolución Cuna de 1925. Hartos de que el gobierno panameño intentara «occidentalizarlos» a la fuerza, prohibiendo sus costumbres y sus vestimentas, se alzaron en armas.

Gracias a esa lucha, hoy son una comarca autónoma. Tienen sus propias leyes, su propia bandera (una esvástica invertida que simboliza los cuatro puntos cardinales y la creación del mundo) y un sistema de gobierno basado en el Congreso General Guna. Aquí, el presidente de Panamá es una figura lejana; los que mandan son los Sahilas, los jefes sabios que dirigen cada comunidad desde la «Casa del Congreso», hamaca mediante.

Entrar en Guna Yala con un velero como el Tuvalu no es como llegar a un puerto deportivo de la Costa Azul. Aquí, la burocracia tiene otro ritmo.

Pusimos rumbo a Gaigirgordub (antiguamente llamado Porvenir), la isla administrativa donde esta ubicado el Cogreso Nacional Guna. El procedimiento es un ritual:

  1. El Impuesto Guna: Un oficial del Congreso Guna sube a bordo o te recibe en una cabaña. El Tuvalu tuvo que pagar una tasa por el barco $45 varia según la eslora del barco y una tasa por persona ($20 cada uno).
  2. Despacho: Hay que presentarse ante las autoridades panameñas (Migración y Aduana) para el sello de entrada al país si vienes del extranjero.
  3. Recibo del pago: Te entregan un documento que debes guardar como oro en paño. En cualquier cayo perdido, un Guna en un cayuco puede acercarse a pedirte el recibo. Si no lo tienes, la multa es tan salada como el mar.

Navegación Visual: El Código de Colores

Cae diez grados a babor! ¡Hay una mancha marrón justo delante!», gritó Esther, mi mujer, desde la proa.

Navegar en San Blas es el doctorado de cualquier navegante. Los mapas electrónicos (GPS) son, en el mejor de los casos, «orientativos». Aquí se navega con la vista. Se explica de forma sencilla:

  • Azul cobalto: Aguas profundas. Puedes relajarte.
  • Verde esmeralda: Entre 4 y 6 metros. El paraíso del fondeo.
  • Turquesa pálido: 2 metros. ¡Cuidado con la quilla!
  • Marrón o Amarillo: ¡Peligro! Es coral vivo (una «bombie») rozando la superficie. Si tocas eso, la Vuelta al Mundo Almirante Cervera se detiene en seco.

La regla de oro: Nunca navegamos con el sol de frente (el reflejo oculta el coral) ni después de las cuatro de la tarde, cuando la luz «plana» convierte el mar en un espejo traicionero.

El Tuvalu pasó diez días saltando de isla en isla. Detallar el archipiélago es hablar de constelaciones de arena.

1. Cayos Chichime: El «Social Club»

Fue la primera parada. Chichime son dos islas: Chichime Grande y Chichime Pequeña. Es el lugar donde los navegantes se reúnen. El fondeo es magnífico, protegido por un arrecife que rompe las olas del Atlántico mucho antes de que lleguen al barco. Aquí, disfrutaron de nuestra primera langosta comprada directamente desde un cayuco por unos pocos dólares.

2. Cayos Holandeses (Mauqui): La Joya de la Corona

Están en el borde exterior del archipiélago. Al estar lejos de la costa, el agua tiene una transparencia irreal.

  • The Swimming Pool: Es un área de arena blanca rodeada de coral donde el Tuvalu parecía estar suspendido en el aire. Es el fondeo más famoso y, posiblemente, el más bello del mundo.
  • Cayo Caobos y Cayo Tiadup: Islas de postal, donde el único ruido es el de los cocos cayendo sobre la arena.

3. Cayos Limón (Lemmon Cays)

Un grupo muy popular por su cercanía a Porvenir.

  • Isla Perro (Achudup): Aquí descansa un barco carguero hundido hace décadas que se ha convertido en un acuario natural. Los turistas pasan horas haciendo snorkel entre miles de peces de colores que han reclamado el acero como su hogar.
  • Isla Diabla (Niadup): Justo enfrente de Isla Perro, perfecta para refugiarse si el viento sopla fuerte del Norte.

4. Cayos Coco Bandero

Estos son los más escénicos. Son islas diminutas (algunas de apenas 20 metros de largo) con tres o cuatro palmeras estratégicamente situadas. Fondeado aquí, el Tuvalu parecía el escenario de una película de náufragos.

  • Cayo Ratón: Un laberinto de coral que exige que Esther esté en la proa sin pestañear.

5. Cayos Ordupuquip y Cayos Grullos

Zonas mucho más tranquilas y menos frecuentadas por los «charters». Aquí es donde la verdadera paz de la navegación de altura se hace presente. En los Grullos, el Tuvalu se encontró rodeado de manglares.

6. Las Comunidades: Narganá y Corazón de Jesús A diferencia de los cayos deshabitados, estas islas están unidas por un puente y cubiertas de casas de caña. No hay palmeras, hay gente. Es el lugar para abastecerse de pan, huevos y, si hay suerte, internet. Pero cuidado: aquí la vida es intensa, ruidosa y profundamente humana.

La Vida Fondeados: Comercio

Estar fondeado en Guna Yala es un ejercicio de hospitalidad. Cada mañana, el suave «toc-toc» de un remo contra el casco del Tuvalu anunciaba visitas.

  • El trueque y la compra: Los Guna se acercan ofreciendo langostas, pargos rojos o las espectaculares Molas. La Mola es el arte textil de las mujeres Guna; capas de tela cosidas a mano con diseños geométricos que cuentan la historia de su pueblo.
  • La Ley del Coco: Siempre se advierte a los visitantes: «Nunca toques un coco de la arena». En Guna Yala, el coco es la moneda. Cada palmera tiene un dueño. Coger un coco de una isla «desierta» es, para los Guna, equivalente a entrar en un banco y llevarse un fajo de billetes. Si quieres uno, pídelo y págalo (suele costar 50 céntimos de dólar).

Tiburones y Cocodrilos: Los Vecinos

Navegar por el paraíso tiene sus riesgos, aunque no son los que uno imagina.

Los Tiburones: En los Cayos Holandeses, es habitual ver tiburones nodriza y de arrecife merodeando bajo la popa del Tuvalu. Al principio, se sentía un escalofrío, pero pronto entendimos que son inofensivos. «Son como perros de agua», decían. Se alimentan de crustáceos y pequeños peces. Verlos es señal de que el arrecife está vivo y sano.

Los Cocodrilos: Aquí es donde la cosa se pone seria. Los Guna respetan profundamente al cocodrilo de agua salada. Estos no suelen estar en los cayos exteriores como Chichime, pero si el Tuvalu se acercaba a la costa de «tierra firme» o a los manglares de los Cayos Grullos, la precaución era máxima. Regla del Tuvalu: Nada de baños al atardecer ni al amanecer en zonas de manglar. El cocodrilo es un cazador paciente y silencioso. No son los primeros humanos que atacan.

El Adiós a las Islas del Sol

Después de diez días de vida contemplativa, el Tuvalu debía seguir su ruta. La Vuelta al Mundo Almirante Cervera no se detiene, y el siguiente destino era Linton Bay Marina.

El paso de Guna Yala a la provincia de Colón es un cambio drástico. Dejas atrás la autonomía indígena para volver a la Panamá de las marinas modernas y los servicios. Mientras yo desplegaba la vela mayor y Esther marcaba el rumbo 270°, ambos miramos hacia atrás.

Guna Yala no es solo un lugar geográfico; es un estado mental. Es aprender que se puede vivir con lo que cabe en un cayuco, que el color del agua es la mejor carta náutica y que el respeto a la tradición de un pueblo es lo que mantiene vivo el paraíso.

El Tuvalu se alejó con el casco limpio, la despensa llena de historias y el pabellón de la expedición Almirante Cervera ondeando orgulloso bajo el sol del Caribe.

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Un comentario

  1. Emocionante relato. La tensión navegando por bajíos inciertos en contraste con la placidez de islas paradisíacas. Una bonita etapa de vuestra vuelta al mundo . Enhorabuena!

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